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Muchos creen haber nacido de nuevo en forma total, pero en realidad no se logra captar a plenitud la enseñanza de Jesucristo dicha a Nicodemo en Juan 3:1-15.
Nicodemo fue a Jesús por la noche, tal vez era el único tiempo disponible de Jesús o bien Nicodemo tenía temor a las críticas de sus colegas. En todo caso él reconoce que Jesús ha venido de parte de Dios y Jesús le dice después de un diálogo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17):
En el mundo religioso de la actualidad, se escuchan testimonios de personas que relatan su vida antigua en comparación a la actual. Escuchamos palabras tales como: “yo era borracho pero desde que creí en Jesús deje la bebida, otros yo era drogadicto, mujeriego, fumador, iracundo, chismoso, asesino, etc., pero de una manera milagrosa y repentina deje de ser esto o aquello y me convertí en otra persona.” En sus testimonios escuchamos: Cristo me quito esto o aquello, o deje de hacer esto o aquella cosa y generalmente el tiempo en que lograron estos cambios fue inmediato. Son testimonios muy bonitos sobre cambios logrados para su propio bien.
La pregunta es: ¿Es posible cambiar los vicios, las malas costumbres los comportamientos pecaminosos rápidamente con tan sólo creer? ¿Será que Cristo opera milagrosamente para hacernos cambiar? Si es así, ¿por qué algunos cambian y otros no? La palabra tiene mucho que enseñarnos. Lo que sí es claro es que al convertirnos a Cristo, debe haber cambios, que se irán manifestando con los días, los meses o los años. Pablo dice en la 2da. Carta a los corintios: si alguien está en Cristo, nueva criatura es. 2 Corintios 5:17
1. La responsabilidad de cambiar recae mayormente sobre el creyente más que sobre Jesús.
Jesús hizo la parte más importante, morir en la cruz por nuestros pecados, darnos un nuevo pacto, para disfrutar de ese nuevo pacto debemos obedecer y eso implica cambiar. La biblia nos muestra que Dios espera que como sus hijos cambiemos, abandonemos el pecado. Dejemos el viejo hombre. Cuando creemos en Cristo, el siguiente paso es arrepentirnos de la vida que hemos llevado. El arrepentimiento implica la decisión de querer cambiar, la decisión de dejar de hacer lo malo y agradar a Dios en todo. Esta decisión no implica cambio inmediato, sino la aspiración de luchar contra el pecado en cada uno de nosotros, esto es lo que dice Pedro en su carta, nos arrepentimos y decidimos bautizarnos, pero en realidad el cambio inicial es el deseo de cambiar, pero es el inicio de una lucha contra nuestra propia carnalidad, contra el pecado. 1 Pedro 3:21
Cuando comenzamos nuestro camino espiritual tenemos la intención de obedecer a Dios y eso lo iremos haciendo a medida que aprendamos lo que Dios espera de nosotros. Dios coloca sobre nuestros hombros la responsabilidad de cambiar, el nos ayuda, pero nosotros debemos esforzarnos. Efesios 4:22
El esfuerzo implica abandonar la vieja persona llena de pecados. El mandamiento es despojasen, quiten de ustedes. Y Así como este tenemos muchos mandamientos que nos siguen ordenando que cambiemos, que seamos nuevas criaturas en Cristo. 1 Pedro 1:14-15
Seamos santos en “toda nuestra manera de vivir”, no en algunas cosas, sino en toda nuestra vida. Colosenses 3:5-9 La orden es: hagan morir lo terrenal, lo que no es de Dios, lo que no es espiritual, todo lo que es pecado. Estando en Cristo somos nueva criatura, debemos esforzarnos por vivir conforme a lo que Dios espera de sus hijos, de los ciudadanos del reino. Todas las cosas viejas pasaron, porque Dios nos perdono nuestra antigua manera de vivir, por el sacrificio de Cristo, pero de allí en adelante debemos vivir en santidad.
Es necesario vivir para Cristo, para Dios cada minuto, cada día de nuestras vidas, porque él murió por nosotros. 2 Corintios 5:14-15
Como cristianos ya no debemos vivir para nosotros mismos sino para Cristo, para agradarle, con una vida santa, una vida de lucha contra el pecado, una vida donde primero este Él antes que nosotros mismos.
En el mundo religioso de la actualidad, se escuchan testimonios de personas que relatan su vida antigua en comparación a la actual. Escuchamos palabras tales como: “yo era borracho pero desde que creí en Jesús deje la bebida, otros yo era drogadicto, mujeriego, fumador, iracundo, chismoso, asesino, etc., pero de una manera milagrosa y repentina deje de ser esto o aquello y me convertí en otra persona.” En sus testimonios escuchamos: Cristo me quito esto o aquello, o deje de hacer esto o aquella cosa y generalmente el tiempo en que lograron estos cambios fue inmediato. Son testimonios muy bonitos sobre cambios logrados para su propio bien.
La pregunta es: ¿Es posible cambiar los vicios, las malas costumbres los comportamientos pecaminosos rápidamente con tan sólo creer? ¿Será que Cristo opera milagrosamente para hacernos cambiar? Si es así, ¿por qué algunos cambian y otros no? La palabra tiene mucho que enseñarnos. Lo que sí es claro es que al convertirnos a Cristo, debe haber cambios, que se irán manifestando con los días, los meses o los años. Pablo dice en la 2da. Carta a los corintios: si alguien está en Cristo, nueva criatura es. 2 Corintios 5:17
1. La responsabilidad de cambiar recae mayormente sobre el creyente más que sobre Jesús.
Jesús hizo la parte más importante, morir en la cruz por nuestros pecados, darnos un nuevo pacto, para disfrutar de ese nuevo pacto debemos obedecer y eso implica cambiar. La biblia nos muestra que Dios espera que como sus hijos cambiemos, abandonemos el pecado. Dejemos el viejo hombre. Cuando creemos en Cristo, el siguiente paso es arrepentirnos de la vida que hemos llevado. El arrepentimiento implica la decisión de querer cambiar, la decisión de dejar de hacer lo malo y agradar a Dios en todo. Esta decisión no implica cambio inmediato, sino la aspiración de luchar contra el pecado en cada uno de nosotros, esto es lo que dice Pedro en su carta, nos arrepentimos y decidimos bautizarnos, pero en realidad el cambio inicial es el deseo de cambiar, pero es el inicio de una lucha contra nuestra propia carnalidad, contra el pecado. 1 Pedro 3:21
Cuando comenzamos nuestro camino espiritual tenemos la intención de obedecer a Dios y eso lo iremos haciendo a medida que aprendamos lo que Dios espera de nosotros. Dios coloca sobre nuestros hombros la responsabilidad de cambiar, el nos ayuda, pero nosotros debemos esforzarnos. Efesios 4:22
El esfuerzo implica abandonar la vieja persona llena de pecados. El mandamiento es despojasen, quiten de ustedes. Y Así como este tenemos muchos mandamientos que nos siguen ordenando que cambiemos, que seamos nuevas criaturas en Cristo. 1 Pedro 1:14-15
Seamos santos en “toda nuestra manera de vivir”, no en algunas cosas, sino en toda nuestra vida. Colosenses 3:5-9 La orden es: hagan morir lo terrenal, lo que no es de Dios, lo que no es espiritual, todo lo que es pecado. Estando en Cristo somos nueva criatura, debemos esforzarnos por vivir conforme a lo que Dios espera de sus hijos, de los ciudadanos del reino. Todas las cosas viejas pasaron, porque Dios nos perdono nuestra antigua manera de vivir, por el sacrificio de Cristo, pero de allí en adelante debemos vivir en santidad.
Es necesario vivir para Cristo, para Dios cada minuto, cada día de nuestras vidas, porque él murió por nosotros. 2 Corintios 5:14-15
Como cristianos ya no debemos vivir para nosotros mismos sino para Cristo, para agradarle, con una vida santa, una vida de lucha contra el pecado, una vida donde primero este Él antes que nosotros mismos.
La Nueva Traducción Viviente nos lo presenta así: “Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz y seguirme”.
La declaración e invitación que nos hace nuestro Salvador tiene tres aspectos por demás interesantes, si es que aceptamos dicha invitación:
- Negarse a sí mismo.
- Tomar nuestra cruz.
- Seguirlo.

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